Relatos

Salvavidas

Cdmx tiene muchos salvavidas ambulantes. Los encuentras con uniformes; otros, sobre todo mayores, te regalan sonrisas y vuelves a creer en cosas bonitas.
Existen unos particulares que andan en triciclo con un gran canasto repleto de pan y al costado llevan un termo con agua caliente, botes de café, crema, azúcar y desechables.
Los vendedores callejeros alimentan a la ciudad. Fuera de las oficinas, en los parques o estacionados en esquinas de avenidas transitadas, todos los días mujeres y hombres dan combustible calórico desde las 6:00 am a los que no pudieron desayunar en casa.
Puede no gustarte el café instantáneo y menos agregarle azúcar o vanidades contemporáneas, pero sabes que si un día sales del hogar sin nada en el estómago, estará una bebida y la oferta enorme de panes para saciar el hambre (y un poco el alma).
La Cámara Nacional de la Industria Panificadora informa que el consumo de pan por persona en el país es de 33.5 kilogramos al año y 16% de la ingesta de sodio diario de los mexicanos es a través de esta delicia.
México es de las naciones de América Latina que mayor tasa de sobrepeso tiene; en el 2020 obtuvo el segundo lugar en obesidad de adultos.
Absurdo y maquiavélico es afirmar de mi parte que los vendedores son salvavidas cuando contribuyen a lo contrario, pero difícil es ver la realidad porque los pedazos de harina exhibidos en diversos tamaños, sabores u olores, forman parte de la cultura popular y encantan.
Pocas familias mexicanas rechazan el hábito de tener pan sobre la mesa. Consumir pan es un ritual: se come en compañía de papá y mamá, en el café con los amigos o en solitario caminando por la calle.
Lejos de estigmatizar los deliciosos panes, cada quien que se ocupe de su ingesta, como esta señora norteña que se comió tres mini orejitas dulces con café negro muy caliente.
Los vendedores ambulantes rifan y ocasionalmente es bueno aceptarles un pan dulce para que salven la mañana.

3 thoughts on “Salvavidas

  1. Tanatologa Andrea Torres dice:

    ¡Excelente, Estefania! un breve artículo lleno de aromas y sabores. ¡Felicidades!

  2. Moncada dice:

    ¡Gracias! A veces nos acostumbramos tanto al bosque, que ya no vemos los árboles. Y sí: cada quien su ingesta, pos qué.

  3. Don Gatuperio dice:

    Exceso de crueldad en este texto. Contando el pan delante de los hambrientos. Ni siquiera hay una buena panadería en las inmediaciones de donde me encuentro. La secreción salival generada por el relato no se sofoca con ningún pinche pan Bimbo.
    Gracias por el escrito maldiciones por el antojo.

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